Es frecuente intentar satisfacer alguna necesidad emocional abusando del alimento. Buscar recompensa o refugio, “llenar” un vacío. Sin embargo, no solo no se resuelve el problema, sino que afloran emociones como la culpa y el enojo por no haber podido detener el impulso, sumado al malestar físico que acarrean las transgresiones alimentarias.

Algunas estrategias para evitar o controlar este momento pueden ser:

1. Evitar almacenar productos ultraprocesados como dulces refinados y comida chatarra, los cuales nos dan ganas de comer especialmente en esos momentos.

2. Tener preparados snacks saludables para picar rápidamente. Una buena opción son los bastoncitos de vegetales, frutas, nueces y almendras, e incluso chocolate negro de buena calidad.

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3. Hacer ejercicio o alguna actividad al aire libre para distraernos del motivo de nuestra ansiedad.

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4. Escribir una lista de lo que comes durante el día y los síntomas que tienes que se relacionan con tu mala alimentación (exceso de peso, mal aliento, reflujo, dolor de cabeza, mucosidad). Esto te ayudará a tomar consciencia del daño que te haces y tomar acciones proactivas.

5. Buscar Información sobre los productos que consumes para que poco a poco logres hacer mejores elecciones a favor de tu salud.

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